|
Lo cuentan Eduardo Llorente y David Erauskin, guionistas del programa La noche de , en su libro Curiosidades, gazapos y anécdotas de Hollywood (Ed. Roca). Mucho antes de que Christopher Reeve se convirtiera en Superman, un actor se hizo famoso enfundándose sus mallas en los años 50. George Reeves había sido un oscuro secundario en Lo que el viento se llevó y De aquí a la eternidad. Su metro ochenta y cinco y conocimientos de artes marciales le ayudaron a conseguir el papel del hombre de acero en siete películas y más de un centenar de capítulos televisivos.
Cuando la serie se canceló, Reeves ingresó en las listas del paro. Se vio obligado a participar en peleas de lucha libre hasta que en 1959, a los cuarenta y cinco años, se tumbó en su cama y se voló la cabeza de un tiro. ¿Suicidio? No está tan claro. Dos meses antes, el actor había denunciado que recibía amenzantes llamadas anónimas. Quizá tuvo algo que ver que viviera un idilio con la esposa de un alto ejecutivo de la Metro Goldwyn Mayer, a la que legó todos sus bienes tras su muerte.
Hollywoodland recrea la muerte de Reeves, convertida ya en una leyenda negra de Hollywood, a partir de las pesquisas de un detective contratado por la madre del finado para investigar las misteriosas circunstancias de su presunto suicidio. Adrien Brody encarna al investigador mientras Ben Affleck borda al difunto Reeves en una magistral jugada de casting: da vida a un mal actor con tal convicción que ganó la copa Volpi en el pasado festival de Venecia. Detrás de las cámaras debuta Allen Coulter, curtido en series como Sexo en Nueva York y A dos metros bajo tierra.
"Hollywoodland se enmarca al final de una época y al principio de otra", sitúa el director. "Fue un periodo en el que el mundo estaba cambiando, dejando atrás lo que representaba el viejo Hollywood. Reeves logró el aprecio popular, pero no el suyo propio. La televisión era un nuevo medio, adonde iban a parar los actores de cine fracasados".
|